"Ni al camarero que le sirve el café, ni al barrendero, ni a la cajera del supermercado, ni a nadie que gane menos de mil euros al mes. Todos los trabajadores menestrales y humildes son invisibles socialmente, disfrutan de la transparencia del fracaso, que evita que sean mirados a los ojos por miedo a un contagio decadente. Si tienen problemas, no importan; si sus condiciones laborales son penosas, no importa; si les bajan el sueldo o les llevan de contrato temporal en contrato temporal, no importa. Lo único que importa es que sigan trabajando para que no nos sustraigan a los demás de tareas mucho más importantes, como reclamar el carril bici, imponer las bolsas ecológicas en los supermercados o luchar porque la música y las películas sean gratis."

Hikikomori: Esos hijos de puta que hacen huelgas